La puesta en escena del 9 de Julio en Tucumán dejó algo más que postales patrióticas y discursos de ocasión. Tras la vigilia del presidente, Javier Milei, y el eco del Tedeum en la Catedral, las declaraciones del gobernador Osvaldo Jaldo y de la vicepresidenta Victoria Villarruel funcionaron como un preciso termómetro del mapa político actual. Hay una coreografía sutil pero evidente: la del mandatario provincial que ensaya un equilibrio entre el agradecimiento institucional y el reclamo por la billetera, y la de una Vicepresidenta que, con agenda y peso propio, busca sembrar banderas conceptuales que a veces parecen tomar distancia del dogmatismo de la Casa Rosada.
Jaldo lo dejó en claro apenas pisó la escalinata del templo mayor tucumano: “he visto un Presidente con una mayor predisposición de diálogo”. La frase no es inocente. Traduce el alivio de un oficialismo provincial que decidió jugar al “cooperativismo institucional” con la gestión libertaria y que necesitaba, de mínima, gestos de reciprocidad.
Victoria Villarruel habló de federalismo, destacó su visita a Tucumán y dijo que no piensa en “ninguna candidatura”Al valorar la centralidad de Tucumán en el aniversario patrio, el gobernador sacó pecho: “los tucumanos nos sentimos muy contentos; desde el primer minuto nos hemos sentido acompañados por todas las autoridades nacionales. No siempre fue así”. Sin embargo, el idilio político dura lo que tarda en hacerse la cuenta de la coparticipación.
El pragmatismo de Jaldo tiene razones contables. Su respaldo en el Congreso no es un cheque en blanco, sino la moneda de cambio para sostener una provincia cuya recaudación viene en caída libre por el parate económico. Su planteo rozó el hueso de la discusión federal: “la Argentina somos todos. Es el Gobierno nacional, pero incluidas las provincias. No puede haber Nación si no están las provincias”. Fue la antesala perfecta para el reclamo explícito por los recursos para salud, educación y seguridad. “Para eso necesitamos tener los presupuestos que por ley corresponden”, advirtió, desnudando la cruda realidad del interior: “todavía la macroeconomía no se terminó de acomodar y en gran parte de las actividades la microeconomía no termina de arrancar”. Jaldo apoya, pero avisa que el hambre de las cuentas provinciales tiene límite.
Con lupa fina
Al lado de esa destreza equilibrista, Victoria Villarruel desplegó un libreto propio que merece ser leído con lupa fina. Mientras los micrófonos buscaban encasillarla en la especulación electoral, ella gambeteó con elegancia. “No pienso en ninguna candidatura, solo pienso en el honor de estar en el 210 aniversario en Tucumán”, respondió. Pero lo verdaderamente jugoso estuvo en su redefinición del federalismo y en la sutil distancia discursiva que suele marcar con el ala dura del Ejecutivo.
Tucumán volvió a abrazar la historia: en la tierra de la Independencia, Villarruel y Jaldo encabezaron el homenaje patrio“Veo muy importante que tengamos real federalismo en la República Argentina. La Argentina no es la ciudad de Buenos Aires, es todo el país”, sentenció la titular del Senado. En sus palabras hubo una reivindicación del arraigo territorial que choca contra el centralismo tuitero de la Capital. “Es fundamental que vengan las autoridades nacionales, que recorramos las distintas provincias, que nos enteremos de las problemáticas”, lanzó.
Donde el discurso de Villarruel se vuelve más interpretativo -y quizás más distante de la fría ortodoxia fiscalista de Milei- es en su apelación al tejido social y productivo. Su proclama de la “argentinidad” se sostuvo en una cadena que parece rescatar la economía real por sobre la financiera: “sin familia no hay trabajo. Sin trabajo no hay producción. Sin producción no hay patria”. Más aún, su mirada pos-Tedeum dejó un reclamo de sensibilidad social que la Casa Rosada no suele sobreactuar. “Tenemos que mirar a los más desfavorecidos, a los discapacitados, a los jubilados, a los niños y a quienes hoy están pasando momentos difíciles”, dijo la vicepresidenta tratando de marcar un diferencia importante con la postura y la mirada de Milei.
El paso del 9 de Julio por Tucumán desnudó que el Pacto de Mayo que se rubricó hace dos años en la Casa Histórica con una docena de gobernadores es apenas una foto de largada. Jaldo demostró que su estrategia de supervivencia consiste en transformarse en el aliado necesario, pero con el libro de quejas abierto por debajo de la mesa. Villarruel, por su parte, demostró en la tierra de la Independencia que su construcción política no se agota en el rol de acompañante: habla de concilicación, de producción y de federalismo real. En la Capital del NOA quedó flotando una certeza: la gobernabilidad se declama en Buenos Aires, pero se negocia y se sufre en el interior profunda.
En el juego de imágenes y de postales, Jaldo se mostró hoy más distendido respecto de la vicepresidente, tanto por protocolo como por conveniencias políticas. El gobernador y la vicepresidenta se mostraron juntos durante gran parte de la mañana y la primera parte de la tarde. Durante los actos protocolares y durante el desfile cívico-militar estuvieron a la par, se acercaron a intercambiar palabras en distintas ocasiones y compartieron directamente los festejos.
Antes de los actos por el 9 de Julio, Jaldo recibió a Victoria Villarruel en Casa de Gobierno¿El gobernador podría haber desairado a la segunda autoridad de la Nación? Si el propio Presidente lo hace, también habría tenido la chance Jaldo de salir con alguna excusa amable de la exposición junto a Villarruel, como hizo el miércoles en el aeropuerto, donde mandó a su vice, Miguel Acevedo, a recibirla. Pero en el juego de tronos de la política, jugar con los celos y dejar abierta la puerta de las especulaciones suele redundar - a veces- en “reconciliaciones exitosas. Y en otras ocasiones, en quiebres profundos.